El aniversario de una catástrofe: el Índico se recupera una década después de sus heridas

AGENCIAS

  • Casi 230.000 personas fallecieron como consecuencia del terremoto que se desencadenó el 26 de diciembre de 2004 en la costa del sudeste asiático.
  • El maremoto, de magnitud 9,1, asoló y devastó con más fuerza las costas de Indonesia, India y Sri Lanka.
  • Diez años después, “todo el mundo tiene educación, sanidad y casas de cemento”, aseguran desde Hope Worlwide India.
  • Por lo menos “un 60% de los pueblos devastados están ahora mejor que antes del tsunami”, comenta una de las supervivientes.

Diez años después, los habitantes de las costas del golfo de Bengala (en especial Indonesia, Tailandia, India y Sri Lanka) recuerdan una de las mayores catástrofes naturales de la historia moderna. Los quince países que se vieron afectados por el terremoto de magnitud 9,1 —el más fuerte de los últimos 40 años— que asoló y devastó las costas del sudeste asiático y que provocó la muerte de casi 230.000 personas hace ya una década han conseguido reconstruir de los escombros ciudades y aldeas enteras. Donde antes se esparcían los deshechos, ahora se alzan majestuosos complejos hoteleros.

Este viernes 26 de diciembre, fechas del trágico aniversario, como otra jornada navideña más, los extranjeros abarrotan las playas paradisiacas de Khao Lak, uno de los mayores destinos turísticos de Tailandia, donde unas 3.000 personas —el 70% de ellas de origen occidental— murieron como consecuencia de la serie de tsunamis que se originaron tras el terremoto, con epicentro en la isla indonesia de Sumatra.

Sin embargo, las miles de familias que perdieron no solo sus viviendas ese día, también a sus seres queridos, recuerdan hoy con intensidad el dolor, el temor y la pobreza que les invadió cuando el maremoto de diez minutos abrió una herida aún por cicatrizar. Se trata del aniversario de una de las mayores tragedias de la historia de la humanidad. Y aunque ya no hay destrucción física en la zona, el miedo a que la naturaleza vuelva a desencadenar su ira de la manera más violenta continúa latiendo con fuerza entre sus gentes.

“Me dan miedo los terremotos”, asegura Nasywa Zulkarmain, una alumna de sexto grado que solo tenía un año cuando el tsunami bañó su zona. “Pero también sé qué hacer”, añade. Desde lo acaecido, la directora de la escuela primaria Muhammadiyad (Banda Aceh, Sumatra) —donde solo 17 de sus 300 alumnos sobrevivieron ese día— ha ofrecido nociones básicas de primeros auxilios a sus estudiantes, así como un simulacro de actuación por si se repite una catástrofe de esa magnitud. Este centro escolar se convirtió desde entonces en el modelo a seguir para las más de 300 escuelas que UNICEF reconstruyó en la provincia de Aceh tras el tsunami.

Los ingenieros, además, diseñaron nuevos edificios escolares a prueba de movimientos sísmicos, con cimientos más profundos y sistemas de soporte más firmes. Por ejemplo, los pupitres ahora están fabricados de delgadas superficies de madera unidos a patas metálicas. “Nos sentimos más seguros ahora, explica la directora del centro.

Recuperación de las infraestructuras

Las condiciones de vida, sin embargo, han “mejorado” desde el terremoto, tal y como aseguran desde Hope Worlwide India. “La devastación de hace una década se convirtió, por decirlo de alguna forma, en una oportunidad para desarrollar servicios como la educación y la sanidad de los que carecía la gente”, asegura el coordinador de la organización, Samuel Thomas. “Las cosas se han hecho bien y ahora todo el mundo tiene educación y sanidad, casas de cemento y no de madera y se ha recuperado el principal medio de vida, la pesca”, comenta Thomas. La recuperación de la pesca ha generado, además, otros negocios paralelos e incluso se han instalado algunas fábricas, añade.

Las infraestructuras son ahora más y mejores, “empezando por las propias casas, que se reconstruyeron de una forma sencilla pero mucho más resistente y a medio kilómetro de la costa“, comenta Mocho Ferrer, de la Fundación Vicente Ferrer.

Una de las supervivientes, Vidya Lakshmi, que vio como la ola gigante arrasaba su localidad, Nagapattinam, en Tamil Nadu, considera que “por lo menos un 60% de los pueblos devastados están ahora mejor, con buenas casas, educación y barcos adecuados, algo que entonces no había en estas zonas rurales”.

Los expertos mantienen que la prevención es la más fiable defensa contra el poder destructor de un tsunami. El Centro Nacional de Alertas de Desastre y Divulgación tailandés tiene instaladas 138 torres y dispone de tres sofisticadas boyas con sensores para detectar la formación de olas gigantes, una cerca de la costa y las demás en el golfo de Marhahan, que comparte con Birmania (Myanmar).

Según las autoridades locales, ante un eventual tsunami, las boyas enviarán una señal a las torres de alerta montadas a lo largo del litoral y en las islas y, en 15 minutos los canales de televisión, emisoras de radio y agencias de noticias serán capaces de informar a la población del país. .

Las mujeres, el colectivo más afectado

Las mujeres fueron el colectivo más afectado por el desastre natural. En Aceh, el extremo norte de Sumatra, solo 189 de los 676 supervivientes fueron mujeres. Es decir, por cada tres hombres, sobrevivió tan solo una mujer. De hecho, de los 466 muertos de ese pueblecito pesquero, 284 fueron féminas. En concreto, el 77% de las víctimas mortales de la zona. Y en la localidad más afectada, Kuala Cangkoy, el 80% también fueron mujeres.

Los niños también se vieron especialmente golpeados por la catástrofe. De hecho, el Estudio de las Consecuencias y recuperación del Tsunami cifra en más de un tercio los menores de 7 años que fallecieron. Los huérfanos de entre 9 y 17 años, por otro lado, sufrieron cambios significativos. La mayoría de los chicos abandonaron la escuela a una edad muy temprana, mientras que las chicas se casaron antes de lo previsto. 

El tsunami causó la muerte de 5.400 muertos y 2.800 desaparecidos en Tailandia, un número relativamente pequeño si se compara con el total de 230.000 víctimas mortales que fallecieron por el cataclismo en los quince países bañados por el océano Índico. Solo la isla indonesia de Sumatra, en comparación, registró 170.000 muertes, siendo su extremo norte, la zona más afectada.

Los países que registraron un mayor número de víctimas fueron Indonesia, con 167.736 (130.736 muertos y 37.000 desaparecidos); Sri Lanka, con 35.322 muertos; India, con 18.045 (12.405 muertos y 5.640 desaparecidos, la mayoría en los archipiélagos de Andaman y Nicobar); Tailandia, con 8.212 muertos (de ellos, 2.448 extranjeros de 37 países), entre ellos los españoles Manuel Vila y Manuel Perdiguero.



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